
Texto principal:
“Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
Juan 14:15
Introducción
Muchas personas dicen que aman a Dios. Cantan, oran, asisten a la iglesia y hablan de las bendiciones del Señor. Sin embargo, Jesús nos enseñó que el amor verdadero no se demuestra solamente con palabras, sentimientos o emociones, sino por medio de la obediencia.
Es fácil decir: “Yo amo a Dios”; pero la verdadera pregunta es: ¿estamos dispuestos a obedecerlo cuando su Palabra confronta nuestros deseos?
Podemos emocionarnos durante un culto y continuar viviendo de la misma manera. Podemos levantar nuestras manos y, al salir de la iglesia, negarnos a perdonar, continuar practicando el pecado o desobedecer lo que Dios nos ha mandado.
Jesús no dijo: “Si me amáis, emocionados estaréis”. Él dijo: “Si me amáis, guardad mis mandamientos”.
1. El verdadero amor a Cristo produce obediencia
“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ese es el que me ama”.
Juan 14:21
Amar a Jesús significa valorar sus palabras, respetar su autoridad y desear agradarlo. La obediencia no consiste en cumplir solamente aquello que nos resulta conveniente; significa someternos también cuando la voluntad de Dios es contraria a nuestros deseos.
Obedecer a Dios cuando todo marcha bien es sencillo. La verdadera obediencia se manifiesta cuando hacerlo tiene un costo.
Abraham amaba a Dios y lo demostró cuando estuvo dispuesto a entregar a Isaac. No entendía completamente lo que estaba sucediendo, pero confió en la fidelidad del Señor.
Aplicación: No basta con conocer los mandamientos. Debemos practicarlos en nuestra familia, matrimonio, trabajo, iglesia y vida privada.
2. No podemos separar el amor de la obediencia
“El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él”.
Juan 14:23
El amor y la obediencia están unidos. Una persona no puede afirmar que ama a Cristo mientras rechaza deliberadamente su Palabra.
No estamos hablando de alguien que lucha contra una debilidad, cae y se arrepiente. Estamos hablando de quien decide permanecer en el pecado, lo justifica y no desea abandonarlo.
Algunas personas dicen:
- “Dios conoce mi corazón”.
- “Lo importante es que yo crea”.
- “Nadie tiene derecho a decirme cómo vivir”.
Es verdad que Dios conoce nuestro corazón, pero también conoce nuestras acciones. Precisamente porque nos conoce, sabe si nuestro amor es verdadero o solamente de labios.
Aplicación: Si amamos a Cristo, debemos preguntarle antes de tomar una decisión: “Señor, ¿esto te agrada? ¿Está de acuerdo con tu Palabra?”.
3. La obediencia vale más que los sacrificios religiosos
“Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios”.
1 Samuel 15:22
El rey Saúl recibió una orden clara de Dios, pero decidió obedecer solamente una parte. Después intentó justificar su desobediencia diciendo que había guardado lo mejor para ofrecerlo como sacrificio.
Saúl pretendía cubrir su desobediencia con una acción religiosa. Pero Dios no aceptó su excusa. La obediencia parcial también es desobediencia.
Podemos asistir a todos los cultos, ofrendar, cantar y participar en actividades; pero nada de eso reemplaza la obediencia.
Dios no quiere que utilicemos el servicio cristiano para ocultar una vida que no está rendida a Él.
Aplicación: No podemos escoger qué mandamientos obedecer. No podemos decir: “Obedezco a Dios en esto, pero en aquella área nadie debe intervenir”. Cristo debe gobernar toda nuestra vida.
4. La obediencia no compra la salvación, pero demuestra una fe verdadera
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras”.
Efesios 2:8-9
No obedecemos para comprar la salvación. Somos salvos únicamente por la gracia de Dios mediante la fe en Jesucristo. Ninguna cantidad de buenas obras puede borrar nuestros pecados.
Sin embargo, una persona verdaderamente salvada comienza a experimentar un cambio. La gracia que perdona también transforma. Por eso, la obediencia es el fruto de la salvación, no el precio que pagamos para obtenerla.
“Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma”.
Santiago 2:17
Una fe que nunca produce arrepentimiento, obediencia ni transformación debe ser examinada. No somos salvos porque obedecemos; obedecemos porque Cristo nos ha salvado y ahora vive en nosotros.
Aplicación: Examinemos si nuestra fe está produciendo frutos: amor, santidad, perdón, justicia, servicio y rechazo del pecado.
5. El Espíritu Santo nos ayuda a obedecer
“Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre”.
Juan 14:16
Después de ordenar a sus discípulos guardar sus mandamientos, Jesús les prometió la ayuda del Espíritu Santo. Esto nos enseña que Dios no espera que obedezcamos solamente mediante nuestras fuerzas humanas.
El Espíritu Santo:
- Nos convence de pecado.
- Nos recuerda la Palabra de Dios.
- Fortalece nuestra voluntad.
- Nos ayuda a rechazar la tentación.
- Produce en nosotros un carácter semejante al de Cristo.
No debemos decir: “No puedo cambiar”. Por nuestras propias fuerzas no podemos, pero el Espíritu Santo puede transformar nuestra vida cuando nos rendimos a Él.
Aplicación: Antes de comenzar cada día, oremos: “Espíritu Santo, ayúdame a obedecer la Palabra y a no ceder ante mis deseos”.
6. La obediencia trae comunión y bendición
“Si sabéis estas cosas, bienaventurados seréis si las hiciereis”.
Juan 13:17
La bendición no está solamente en conocer la Palabra, sino en practicarla. Dios bendice la obediencia, aunque eso no significa que nunca tendremos dificultades.
Noé obedeció construyendo el arca cuando todavía no veía la lluvia. Su obediencia protegió a su familia. Josué obedeció rodeando Jericó aunque la estrategia parecía extraña, y las murallas cayeron.
Pedro había trabajado toda la noche sin pescar nada, pero cuando Jesús le ordenó echar nuevamente las redes, respondió:
“En tu palabra echaré la red”.
Lucas 5:5
Entonces ocurrió la pesca milagrosa. Hay puertas que se abren, familias que son protegidas y propósitos que se cumplen cuando obedecemos la voz de Dios.
¿Qué mandamientos debemos guardar?
Jesús resumió la voluntad de Dios en dos grandes mandamientos:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… y a tu prójimo como a ti mismo”.
Mateo 22:37-39
Por lo tanto, si amamos a Cristo debemos:
- Apartarnos del pecado.
- Perdonar a quienes nos ofenden.
- Hablar con verdad.
- Vivir en santidad.
- Amar a nuestros enemigos.
- Ayudar al necesitado.
- Compartir el evangelio.
- Servir con humildad.
- Permanecer fieles a su Palabra.
Conclusión
No es suficiente llamarlo “Señor” si no estamos dispuestos a hacer su voluntad. El verdadero cristianismo no se limita a una confesión de labios; es una vida rendida bajo el señorío de Jesucristo.
Hoy el Señor nos pregunta: “¿Realmente me amas?”
Nuestra respuesta no debe ser solamente una canción o una frase. Debe reflejarse en nuestra manera de vivir.
Quizás existe un área que todavía no le hemos entregado: una relación incorrecta, falta de perdón, mentira, resentimiento, desobediencia o pecado oculto. Hoy es el momento de rendirla delante de Dios.
Llamado
Si sabes lo que Dios te ha mandado, pero todavía no has obedecido, no endurezcas tu corazón. Acércate al Señor con arrepentimiento.
Dile sinceramente:
“Jesús, no quiero amarte solamente de palabras. Quiero demostrarte mi amor obedeciendo tu Palabra. Dame fuerzas para renunciar a todo lo que no te agrada”.
Oración final
Señor Jesús, reconocemos que muchas veces hemos dicho que te amamos, pero nuestras acciones no lo han demostrado. Perdona nuestra desobediencia, rebeldía y dureza de corazón.
Ayúdanos a no ser solamente oidores, sino hacedores de tu Palabra. Danos un corazón sensible, dispuesto a recibir tu corrección y obedecer tu voluntad, aunque tenga un costo.
Espíritu Santo, fortalécenos para vencer la tentación, apartarnos del pecado y vivir en santidad. Que nuestro amor por Cristo sea visible en nuestras decisiones, palabras y conducta.
Hoy rendimos completamente nuestra vida ante ti. Queremos amarte no solamente de labios, sino con una obediencia verdadera. En el nombre de Jesús. Amén.