Esfuérzate por entrar por la puerta estrecha

Texto principal: Lucas 13:22-30

muchas personas se preguntan: “¿Cuántos serán salvos?”, “¿Quién entrará al cielo?” o “¿Será salva tal persona?”. Pero Jesús nos invita a dejar de mirar primero a los demás y examinar nuestro propio corazón.

Mientras Jesús caminaba hacia Jerusalén, alguien le hizo esta pregunta:

“Señor, ¿son pocos los que se salvan?” (Lucas 13:23).

Jesús no respondió con una cantidad. No dijo si serían miles o millones. En cambio, respondió:

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24).

En otras palabras, Jesús le estaba diciendo: “No te preocupes solamente por saber cuántos serán salvos; asegúrate de que tú hayas entrado por la puerta”.

Hay personas que conocen la Biblia, asisten a la iglesia, cantan, predican y participan en actividades cristianas, pero nunca han rendido verdaderamente su corazón a Jesucristo. Podemos estar cerca del altar y, aun así, tener el corazón lejos de Dios.

Hoy el Señor nos llama a preguntarnos: ¿Estoy siguiendo verdaderamente a Cristo o solamente estoy practicando una religión?


1. Jesucristo es la única puerta de salvación

“Esforzaos a entrar por la puerta angosta” (Lucas 13:24).

La puerta estrecha representa el único camino establecido por Dios para que el ser humano sea salvo: Jesucristo.

Él mismo declaró:

“Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo” (Juan 10:9).

Jesús no dijo: “Yo soy una de las puertas”. Él dijo: “Yo soy la puerta”. La salvación no se encuentra en una religión, denominación, tradición, pastor ni en nuestras propias buenas obras. Solamente se encuentra en Cristo.

La puerta es estrecha porque debemos entrar dejando atrás el pecado, el orgullo, la autosuficiencia y la falsa confianza religiosa.

Ejemplo

Imaginemos una persona que llega a un aeropuerto con varias maletas, pero la aerolínea solamente le permite llevar un equipaje pequeño. Para poder viajar tendrá que dejar algunas cosas.

De la misma manera, nadie puede entrar por la puerta estrecha cargando voluntariamente con el pecado, el resentimiento, la hipocresía, el orgullo y la desobediencia. No quiere decir que llegamos perfectos a Cristo; llegamos arrepentidos y dispuestos a que Él transforme nuestra vida.

Aplicación

Preguntémonos:

  • ¿Existe algún pecado que no queremos abandonar?
  • ¿Guardamos resentimiento contra alguien?
  • ¿Nuestra confianza está en Cristo o en los años que llevamos asistiendo a la iglesia?
  • ¿Tenemos una verdadera relación con Dios?

No basta decir: “Yo soy cristiano”. Debemos haber nacido de nuevo y mostrar frutos de arrepentimiento.


2. Estar cerca de Jesús no significa pertenecerle

“Delante de ti hemos comido y bebido, y en nuestras plazas enseñaste” (Lucas 13:26).

Estas personas habían escuchado a Jesús y posiblemente presenciado sus milagros. Sin embargo, el Señor les respondió:

“No sé de dónde sois; apartaos de mí todos vosotros, hacedores de maldad” (Lucas 13:27).

Ellos conocían cosas acerca de Jesús, pero Jesús no los reconoció como discípulos verdaderos.

Existe una gran diferencia entre conocer acerca de Cristo y conocer personalmente a Cristo.

Ejemplo

Podemos conocer muchos datos sobre el presidente de un país: su nombre, su historia y sus actividades. Sin embargo, eso no significa que tengamos una relación personal con él.

De la misma manera, una persona puede conocer versículos, historias bíblicas y canciones cristianas, pero nunca haber entregado su vida verdaderamente al Señor.

Ejemplo bíblico

Judas caminó con Jesús, escuchó sus enseñanzas, vio milagros y participó en el ministerio. Estuvo muy cerca del Señor físicamente, pero su corazón nunca estuvo completamente rendido.

La cercanía con las cosas santas no reemplaza una verdadera conversión.

Aplicación

No debemos confiar solamente en que:

  • Asistimos todos los domingos.
  • Tenemos un cargo en la congregación.
  • Somos familiares de un pastor.
  • Cantamos o predicamos.
  • Hemos sido bautizados.
  • Conocemos muchos textos bíblicos.

Estas cosas son importantes, pero no pueden sustituir una relación verdadera con Jesucristo.

El Señor no solamente quiere nuestra presencia en el templo; quiere nuestro corazón, obediencia y fidelidad.


3. La puerta no permanecerá abierta para siempre

“Después que el padre de familia se haya levantado y cerrado la puerta…” (Lucas 13:25).

Actualmente, la puerta de la salvación permanece abierta. Cristo sigue llamando al pecador para que se arrepienta. Pero Jesús advierte que llegará el momento cuando la puerta será cerrada.

Ese momento puede llegar con la muerte o con el regreso de Jesucristo. Por eso no debemos posponer nuestra decisión.

Ejemplo bíblico: El arca de Noé

Noé predicó mientras construía el arca. Durante años, las personas tuvieron la oportunidad de creer y entrar. Seguramente se burlaban diciendo: “Nunca sucederá nada”.

Pero llegó el diluvio y Dios cerró la puerta del arca. Cuando comenzó la lluvia, ya era demasiado tarde.

El problema no fue que no existiera una puerta. El problema fue que las personas no quisieron entrar cuando estaba abierta.

Ejemplo

Cuando un autobús está a punto de salir, el conductor avisa y da tiempo para subir. Pero llega un momento en que cierra la puerta y comienza el viaje. Aunque alguien llegue corriendo después, puede quedarse fuera.

Así sucederá con quienes dejan su salvación para mañana.

Aplicación

No digamos:

  • “Cuando sea mayor buscaré a Dios”.
  • “Más adelante abandonaré este pecado”.
  • “Después arreglaré mi vida”.
  • “Algún día perdonaré”.
  • “Todavía tengo tiempo”.

La Biblia dice:

“He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

Si Dios está hablando hoy, debemos responder hoy.


4. No todos los que parecen primeros entrarán primero

“Hay postreros que serán primeros, y primeros que serán postreros” (Lucas 13:30).

Los judíos pensaban que por ser descendientes de Abraham tenían asegurado un lugar en el reino de Dios. Pero Jesús les enseñó que la salvación no se hereda por la familia ni se obtiene por privilegios religiosos.

Algunos que parecían estar muy cerca quedarían fuera, mientras que personas consideradas lejanas recibirían el evangelio y entrarían al reino.

Ejemplo bíblico: El fariseo y el publicano

El fariseo se consideraba justo y superior. El publicano reconoció su pecado y clamó:

“Dios, sé propicio a mí, pecador” (Lucas 18:13).

Jesús dijo que el publicano regresó justificado. El que parecía último fue recibido por Dios, mientras que el que se consideraba primero permaneció en su orgullo.

Aplicación

No debemos mirar con desprecio:

  • Al pecador que llega por primera vez.
  • A la persona que no sabe vestirse como nosotros.
  • A quien todavía no conoce la Biblia.
  • Al que viene de una vida destruida.
  • A quien todos consideran perdido.

La gracia de Dios puede transformar al pecador más despreciado. Nosotros también fuimos alcanzados por misericordia.

En el reino de Dios no importa cuánto nos aplaudan las personas; importa que nuestro nombre esté escrito en el libro de la vida.


5. Personas de todas partes entrarán al reino

“Vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios” (Lucas 13:29).

Jesús anunció que el evangelio llegaría a todas las naciones. Hombres y mujeres de diferentes pueblos, culturas y condiciones sociales serían llamados a la salvación.

Este versículo revela el corazón misionero de Dios.

Ejemplo

Existen comunidades donde algunas personas están esperando que alguien llegue a enseñarles la Palabra. Tal vez no tienen un templo grande, instrumentos musicales o muchos recursos, pero sienten hambre y sed de Dios.

Cuando la Iglesia sale a evangelizar, visitar y predicar, está participando en el cumplimiento de esta palabra.

Aplicación

No podemos conformarnos con estar cómodos dentro del templo. Debemos llevar el evangelio:

  • A nuestra familia.
  • A nuestros vecinos.
  • A las calles.
  • A los hospitales.
  • A los pueblos apartados.
  • A quienes están abandonados.
  • A las personas que nadie quiere visitar.

Todavía hay lugar en la mesa del reino. Debemos anunciar que la puerta permanece abierta.


Conclusión

Amada Iglesia, alguien le preguntó a Jesús: “¿Son pocos los que se salvan?”. Pero Cristo llevó la pregunta al corazón de cada persona:

“Esfuérzate tú por entrar por la puerta estrecha”.

No basta estar cerca de la puerta.
No basta conocer dónde está la puerta.
No basta escuchar a otros hablar de la puerta.
Es necesario entrar por ella.

Jesucristo es la puerta. Él murió en la cruz, derramó su sangre y resucitó para concedernos perdón y vida eterna.

Examinemos nuestro corazón:

  • ¿Conozco verdaderamente a Jesús?
  • ¿He abandonado mi falsa confianza?
  • ¿Estoy viviendo en arrepentimiento?
  • ¿Hay frutos de obediencia en mi vida?
  • ¿Estoy ayudando a otros a encontrar la puerta?

Hoy la puerta está abierta, pero no permanecerá abierta para siempre.

Llamado a la Iglesia

Si has estado asistiendo a la iglesia, pero nunca entregaste verdaderamente tu vida a Cristo, hoy puedes hacerlo.

Si te apartaste, enfriaste tu corazón o estás viviendo en desobediencia, vuelve al Señor.

Si ya entraste por la puerta, no permanezcas indiferente: sal y anuncia a otros que todavía hay salvación en Jesucristo.

Oración final

Señor Jesús, gracias porque tú eres la puerta de salvación. Examina nuestro corazón y muéstranos si existe orgullo, pecado, hipocresía o falsa confianza dentro de nosotros. Ayúdanos a vivir en verdadero arrepentimiento y obediencia.

No permitas que solamente tengamos apariencia de cristianos. Queremos conocerte, permanecer en ti y ser reconocidos como verdaderos discípulos.

Danos amor por las almas y valentía para anunciar el evangelio. Que nuestra familia, nuestros vecinos y muchas personas de diferentes lugares puedan entrar por la puerta mientras todavía permanece abierta.

En el nombre poderoso de Jesús. Amén.

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