
Texto principal:
“Pero Jehová estaba con José y le extendió su misericordia, y le dio gracia en los ojos del jefe de la cárcel”.
Génesis 39:21
Introducción
José recibió sueños de parte de Dios cuando tenía aproximadamente diecisiete años. En ellos, el Señor le mostró que algún día sería levantado y tendría autoridad. Sin embargo, antes de llegar al palacio, José tuvo que atravesar un proceso doloroso.
Sus hermanos lo aborrecieron, lo arrojaron en una cisterna y lo vendieron como esclavo. Después fue llevado a Egipto y terminó sirviendo en la casa de Potifar. Allí rechazó la propuesta pecaminosa de la esposa de su amo; pero, en lugar de ser premiado por su fidelidad, fue acusado falsamente y enviado a prisión.
José tenía una promesa, pero se encontraba en una cárcel. Dios le había mostrado un palacio, pero ahora solamente veía cadenas. Parecía que todo estaba perdido; sin embargo, la cárcel no era el final de José: era la escuela donde Dios preparaba su carácter.
En ocasiones, Dios no nos lleva inmediatamente al lugar prometido porque primero necesita prepararnos para permanecer allí. El palacio sería el lugar donde José cumpliría su propósito, pero la cárcel fue el lugar donde aprendió las lecciones necesarias para administrarlo.
1. José aprendió que Dios permanece con nosotros en la adversidad
“Pero Jehová estaba con José”.
Génesis 39:21
La cárcel cambió el lugar donde José vivía, pero no pudo apartarlo de la presencia de Dios. Le quitaron su túnica, su libertad y su reputación, pero nadie pudo quitarle la compañía del Señor.
La presencia de Dios no siempre impide que atravesemos dificultades; algunas veces nos sostiene mientras pasamos por ellas. Podemos estar dentro de una prueba y, al mismo tiempo, permanecer bajo el cuidado de Dios.
José posiblemente se preguntaba: “¿Dónde está Dios? ¿Por qué permitió que fuera acusado injustamente?”. Pero mientras él no veía ninguna salida, el Señor ya estaba dirigiendo cada acontecimiento.
Ejemplo
Los tres jóvenes hebreos fueron arrojados al horno de fuego. Dios pudo haber evitado que fueran lanzados, pero decidió acompañarlos dentro del horno. Cuando el rey miró, vio a un cuarto hombre caminando con ellos.
Aplicación
Tal vez estás atravesando una cárcel emocional, económica, familiar o espiritual. No interpretes el silencio de Dios como abandono. Si permaneces fiel, el mismo Dios que estuvo con José también estará contigo.
La cárcel no significa que Dios te abandonó; puede ser el lugar donde Él está formando tu vida.
2. José aprendió a conservar su integridad aunque fuera tratado injustamente
José estaba preso precisamente porque había decidido hacer lo correcto. Rechazó el pecado y huyó de la esposa de Potifar, pero ella utilizó su ropa para acusarlo falsamente.
José pudo haberse amargado y pensar: “¿De qué sirve obedecer a Dios si terminé encarcelado?”. Sin embargo, no permitió que la injusticia destruyera su carácter.
La integridad consiste en permanecer fieles aunque nadie reconozca nuestra conducta. Es hacer lo correcto no solamente cuando recibimos una recompensa, sino también cuando obedecer nos ocasiona sufrimiento.
José prefirió perder su posición antes que perder su comunión con Dios. Perdió su ropa, pero conservó su pureza. Perdió temporalmente su libertad, pero no permitió que el pecado dominara su corazón.
Ejemplo
Daniel decidió no contaminarse con la comida del rey. Aunque se encontraba lejos de su familia y de su tierra, entendió que Dios seguía observando su conducta.
Aplicación
Nuestra fidelidad no debe depender de la manera en que las personas nos traten. Aunque alguien te critique, te rechace o te acuse falsamente, no respondas pecando.
No permitas que la mala conducta de otros cambie la persona que Dios te llamó a ser. El Señor conoce la verdad y, en su momento, defenderá tu causa.
3. José aprendió a servir aun estando herido
“Y el jefe de la cárcel entregó en mano de José el cuidado de todos los presos”.
Génesis 39:22
José tenía suficientes razones para encerrarse en su propio dolor. Había sido traicionado por sus hermanos, vendido, alejado de su padre y acusado injustamente. Sin embargo, no permaneció lamentándose. Comenzó a servir dentro de la cárcel.
José no podía cambiar inmediatamente sus circunstancias, pero sí podía decidir cuál sería su actitud dentro de ellas.
Cuando el copero y el panadero llegaron tristes, José se dio cuenta y les preguntó:
“¿Por qué parecen hoy mal vuestros semblantes?”.
Génesis 40:7
Esto es sorprendente: José también estaba sufriendo, pero todavía tuvo sensibilidad para observar el sufrimiento de otros.
El dolor no convirtió a José en una persona indiferente. Mientras esperaba su propia respuesta, ayudó a otros a entender la respuesta de Dios para ellos.
Ejemplo
Una lámpara no deja de alumbrar porque se encuentra en una habitación oscura. Precisamente en la oscuridad es donde su luz resulta más necesaria.
Aplicación
No esperes que todos tus problemas terminen para comenzar a servir. Puedes consolar a otra persona mientras Dios sana tu corazón. Puedes orar por otro mientras todavía esperas tu propio milagro.
Cuando servimos fielmente en el lugar donde estamos, Dios nos prepara para responsabilidades mayores.
4. José aprendió que su don también funcionaba en la cárcel
José había recibido de Dios la capacidad de interpretar sueños. Podría haber pensado: “¿Para qué utilizaré este don aquí? Nadie importante puede verme”. Pero utilizó su don para servir al copero y al panadero.
El camino de José hacia el palacio comenzó cuando utilizó su don dentro de la prisión. El copero que conoció en la cárcel después mencionaría su nombre delante de Faraón.
José no despreció el lugar pequeño. Fue fiel usando lo que Dios le había entregado, aunque todavía no tenía una plataforma, reconocimiento ni posición.
Ejemplo
David aprendió a utilizar la honda mientras cuidaba ovejas, mucho antes de enfrentarse a Goliat. Lo que practicó en la soledad después fue utilizado públicamente por Dios.
Aplicación
No entierres el don que Dios te entregó porque todavía nadie te reconoce. Predica, canta, enseña, evangeliza, ayuda y ora con fidelidad donde te encuentres.
No necesitas estar en un gran púlpito para comenzar a cumplir tu llamado. Si eres fiel en lo pequeño, Dios sabrá cuándo entregarte algo mayor.
El don que utilizas en la cárcel puede ser la llave que Dios emplee para llevarte al palacio.
5. José aprendió a esperar el tiempo de Dios sin amargarse
Después de interpretar el sueño del copero, José le pidió:
“Acuérdate, pues, de mí cuando tengas ese bien”.
Génesis 40:14
Sin embargo, la Biblia dice:
“Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó”.
Génesis 40:23
José ayudó al copero, pero el copero se olvidó de él durante dos años. Humanamente, esto debió ser muy doloroso. José probablemente esperaba cada día que alguien llegara para sacarlo de prisión, pero la puerta continuaba cerrada.
No obstante, el olvido del copero no significaba que Dios hubiera olvidado a José. Si hubiera salido antes, quizás habría recuperado su libertad, pero no habría llegado delante de Faraón. Dios esperó el momento exacto.
Cuando Faraón tuvo el sueño que nadie podía interpretar, entonces el copero recordó a José. En un solo día, Dios lo sacó de la cárcel, lo presentó ante Faraón y lo convirtió en gobernador de Egipto.
Aplicación
Hay personas que prometieron ayudarte y después se olvidaron. No pongas tu esperanza completamente en ellas. El ser humano puede olvidarte, pero Dios nunca pierde de vista tu vida.
No intentes abrir por tus fuerzas una puerta que Dios todavía mantiene cerrada. Continúa preparándote y sirviendo. Cuando llegue el tiempo señalado, ninguna persona podrá impedir lo que Dios determinó.
La demora no cancela la promesa; puede ser parte de la preparación.
Lo que la cárcel produjo en José
La cárcel no destruyó a José; lo preparó:
- Aprendió a depender de la presencia de Dios.
- Fortaleció su integridad.
- Aprendió a servir en medio del dolor.
- Desarrolló y utilizó su don.
- Aprendió a esperar el tiempo perfecto del Señor.
- Fue preparado para administrar y gobernar.
- Su corazón fue limpiado para perdonar a sus hermanos.
José salió de la cárcel sin deseos de venganza. Cuando sus hermanos llegaron buscando alimento, él tenía poder para castigarlos, pero escogió perdonarlos.
Comprendió que Dios había utilizado incluso las malas acciones de otros para cumplir un propósito mayor:
“Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien”.
Génesis 50:20
Conclusión
Todos queremos llegar al palacio, pero pocas veces queremos atravesar el proceso. Queremos la promesa, pero rechazamos la preparación. Queremos autoridad, pero no siempre aceptamos la formación del carácter.
José no llegó al palacio solamente porque podía interpretar sueños. Llegó porque Dios había formado en él la humildad, la paciencia, la integridad, el servicio y el perdón necesarios para ocupar aquella posición.
La prueba que hoy parece detenerte puede ser el instrumento utilizado por Dios para prepararte. No abandones tu fe, no entierres tu don y no permitas que la amargura se apodere de tu corazón.
El mismo Dios que acompañó a José en la cisterna, en la casa de Potifar y en la cárcel también lo acompañó hasta el palacio.
Llamado
Quizás te encuentras viviendo una temporada semejante a una cárcel. Has sido herido, traicionado, olvidado o acusado injustamente. Posiblemente te preguntas por qué Dios no ha cumplido todavía lo que te prometió.
Hoy el Señor te dice: “No he terminado contigo. El proceso no será tu destino final”.
Entrégale tu dolor, renuncia a la amargura y decide permanecer fiel. Continúa sirviendo, utilizando tus dones y esperando en Dios. Cuando llegue su tiempo, Él abrirá la puerta correcta.
Oración final
Señor, gracias porque tu presencia permanece con nosotros aun en los momentos más difíciles. Ayúdanos a comprender que nuestros procesos no son inútiles y que tú puedes utilizarlos para formar nuestro carácter.
Danos la integridad de José para rechazar el pecado, la fortaleza para continuar sirviendo cuando estamos heridos y la paciencia necesaria para esperar tu tiempo.
Líbranos de la amargura, la desesperación y los deseos de venganza. Ayúdanos a perdonar a quienes nos lastimaron y a reconocer que tú puedes transformar el mal en bien.
No permitas que enterremos los dones que nos entregaste. Haznos fieles en lo pequeño y prepáranos para cumplir tu propósito. Aunque otros se olviden de nosotros, ayúdanos a recordar que tú nunca nos abandonarás.
Confiamos en que la cárcel no será nuestro final y que, en tu tiempo perfecto, abrirás la puerta que nadie podrá cerrar. En el nombre de Jesús. Amén.