La oración de una mujer creyente

Texto

1 Samuel 1:10
“Ella con amargura de alma oró a Jehová, y lloró abundantemente.”

La oración es una de las armas más poderosas que Dios le ha dado a una mujer creyente. Una mujer que ora no está sola, porque ha aprendido a llevar sus cargas, sus lágrimas, su familia, sus luchas y sus necesidades delante del Señor.

La mujer creyente no confía solamente en sus fuerzas, ni en sus palabras, ni en sus emociones. Ella sabe que necesita buscar a Dios en oración.

Muchas veces una mujer puede estar sonriendo por fuera, pero llorando por dentro. Puede estar sirviendo, trabajando, cuidando su casa, atendiendo a su familia, pero llevando cargas profundas en su corazón. Sin embargo, cuando esa mujer aprende a orar, encuentra refugio en la presencia de Dios.

La oración no solo cambia las circunstancias; también cambia el corazón de la mujer que ora.

1. La mujer creyente ora con sinceridad

Ana es un ejemplo hermoso de una mujer que oró con sinceridad. Ella no llegó delante de Dios fingiendo que todo estaba bien. Llegó con dolor, con lágrimas y con el alma cargada.

1 Samuel 1:15
“No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu…”

Ana no escondió su dolor delante de Dios. Ella derramó su alma en oración.

La mujer creyente debe aprender que delante de Dios no necesita aparentar. Puede decirle al Señor cómo se siente, puede llorar, puede hablar con sinceridad, puede abrir su corazón.

Dios no rechaza a la mujer quebrantada. Dios escucha a la mujer que se acerca con fe y humildad.

2. La mujer creyente ora por su hogar

Una mujer de oración entiende que su casa necesita la presencia de Dios.

Ella ora por su esposo.
Ora por sus hijos.
Ora por la salvación de su familia.
Ora por la paz de su hogar.
Ora contra toda obra del enemigo.
Ora para que Cristo reine en su casa.

Proverbios 14:1
“La mujer sabia edifica su casa; mas la necia con sus manos la derriba.”

Una manera poderosa de edificar la casa es a través de la oración.

A veces la mujer no puede cambiar el corazón de su esposo, ni de sus hijos, ni de sus familiares. Pero puede llevarlos delante de Dios. Puede clamar. Puede interceder. Puede ponerse en la brecha por su familia.

La oración de una mujer creyente puede traer luz donde hay tinieblas, paz donde hay pleito y restauración donde hay heridas.

3. La mujer creyente ora con fe

La oración no debe hacerse solamente por costumbre, sino con fe.

Hebreos 11:6
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios…”

La mujer creyente ora creyendo que Dios escucha. Aunque no vea respuesta inmediata, sigue confiando. Aunque la situación parezca difícil, sigue esperando en el Señor.

La fe no significa que todo será respondido como ella quiere, sino que ella confía en que Dios hará lo que es mejor conforme a su voluntad.

Una mujer de fe puede decir:

“Señor, no entiendo todo, pero confío en Ti.”
“Señor, no veo la salida, pero sé que Tú tienes el control.”
“Señor, mi corazón está cansado, pero mi esperanza está en Ti.”

4. La mujer creyente ora con perseverancia

Muchas respuestas no llegan en el primer día. Por eso la mujer creyente debe perseverar.

Ana oró con insistencia. La viuda de Lucas 18 fue puesta como ejemplo de perseverancia. La iglesia primitiva perseveraba en oración.

Romanos 12:12
“Gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración.”

La mujer que persevera no se rinde fácilmente. Aunque pase el tiempo, sigue orando. Aunque otros no entiendan, sigue buscando a Dios. Aunque haya lágrimas, sigue clamando.

La perseverancia en la oración forma carácter, fortalece la fe y enseña a depender de Dios.

5. La mujer creyente ora con humildad

La oración no es para presumir espiritualidad. Es un acto de dependencia.

La mujer creyente reconoce que necesita a Dios. Ella sabe que no puede vencer sola, no puede guiar su casa sola, no puede servir a Dios sola, no puede resistir las tentaciones sola.

Por eso se humilla delante del Señor.

Santiago 4:10
“Humillaos delante del Señor, y él os exaltará.”

La mujer humilde no ora para ser vista por los demás. Ora porque necesita a Dios. Ora porque ama al Señor. Ora porque reconoce que sin Cristo nada puede hacer.

6. La mujer creyente ora para ser transformada

Muchas veces queremos que Dios cambie a los demás, pero la oración también debe comenzar diciendo:

“Señor, cámbiame a mí.”
“Señor, limpia mi corazón.”
“Señor, quita mi orgullo.”
“Señor, sana mis heridas.”
“Señor, dame un espíritu humilde.”
“Señor, enséñame a perdonar.”

La oración verdadera no solo pide cosas; también permite que Dios trate con el corazón.

Una mujer que ora de verdad empieza a cambiar. Su carácter cambia. Su manera de hablar cambia. Su actitud cambia. Su forma de ver la vida cambia.

La oración forma mujeres sabias, prudentes, pacientes y llenas del Espíritu Santo.

7. La mujer creyente ora por la obra de Dios

Una mujer creyente no solo ora por sus necesidades personales. También ora por la iglesia, por los pastores, por los hermanos, por las almas perdidas y por la predicación del evangelio.

Ella entiende que hay una obra espiritual que necesita intercesión.

Ora por los enfermos.
Ora por los nuevos creyentes.
Ora por los jóvenes.
Ora por las familias.
Ora por los que predican.
Ora por los que están apartados.
Ora por los que no conocen a Cristo.

La mujer de oración se convierte en una columna espiritual dentro del pueblo de Dios.

Ejemplos bíblicos de mujeres de oración

Ana

Ana oró en medio de su dolor, y Dios escuchó su clamor. Su oración dio fruto y Samuel nació como respuesta de Dios.

Ester

Ester entendió que antes de presentarse delante del rey, necesitaba ayuno y oración. Su dependencia de Dios trajo liberación a su pueblo.

María, la madre de Jesús

María fue una mujer humilde que creyó la Palabra del Señor y se sometió a la voluntad de Dios.

La iglesia con María y otras mujeres

En Hechos 1:14 vemos a mujeres perseverando en oración junto con los discípulos antes del derramamiento del Espíritu Santo.

Aplicación para la mujer de hoy

Mujer de Dios, no descuides tu altar de oración.

No permitas que el cansancio apague tu comunión con Dios.
No permitas que las preocupaciones te roben la oración.
No permitas que el dolor te aleje del Señor.
No permitas que las ocupaciones sean más importantes que buscar a Dios.

Una mujer que ora es una mujer fortalecida.
Una mujer que ora tiene dirección.
Una mujer que ora aprende a esperar.
Una mujer que ora edifica su casa.
Una mujer que ora vence batallas de rodillas.

Tu familia necesita una mujer que ore.
La iglesia necesita mujeres que oren.
Las almas necesitan mujeres que intercedan.
La obra de Dios necesita mujeres llenas del Espíritu Santo.

Preguntas para reflexionar

¿Estoy apartando tiempo para orar cada día?
¿Oro solamente cuando tengo problemas?
¿Estoy orando por mi familia?
¿Estoy orando por la iglesia y por las almas?
¿Mi oración me está acercando más a Dios?
¿Le estoy permitiendo al Señor cambiar mi corazón?

Conclusión

La oración de una mujer creyente tiene poder porque no depende de la fuerza humana, sino de Dios.

Una mujer que ora puede estar pasando por pruebas, pero no está vencida. Puede tener lágrimas, pero también tiene esperanza. Puede sentirse débil, pero en la presencia de Dios encuentra nuevas fuerzas.

Dios sigue buscando mujeres que oren, mujeres que clamen, mujeres que intercedan, mujeres que no se rindan, mujeres que edifiquen su casa y sirvan al Señor con fidelidad.

Mujer creyente, vuelve al altar.
Vuelve a la oración.
Vuelve a buscar el rostro de Dios.
Porque una mujer de rodillas delante de Dios puede permanecer firme en medio de cualquier batalla.

Oración final

Señor, enséñanos a ser mujeres de oración. Ayúdanos a buscarte con sinceridad, fe, humildad y perseverancia.

Te pedimos que fortalezcas nuestro corazón, que guardes nuestros hogares, que salves a nuestras familias y que nos llenes de tu Santo Espíritu.

Quita de nosotras toda frialdad espiritual, todo cansancio, toda incredulidad y toda distracción. Levanta mujeres que oren, que clamen, que intercedan y que permanezcan firmes en tu presencia.

Haznos mujeres sabias, santas, humildes y llenas de fe.

En el nombre de Jesús. Amén.

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