Texto bíblico:
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.”
1 Tesalonicenses 5:18
Cada día que Dios nos permite despertar es una nueva oportunidad para reconocer su bondad. Muchas veces nos concentramos en lo que nos falta, en los problemas que enfrentamos o en las oraciones que todavía no han sido respondidas, y olvidamos agradecer por todo lo que el Señor ya ha hecho.
Demos gracias por la vida, por nuestra familia, por el alimento, por la salud y por el techo que nos protege. Pero también debemos agradecer por aquellas pruebas que nos han enseñado a confiar más en Dios.
La Biblia no dice que demos gracias solamente cuando todo está bien. Nos enseña a dar gracias en todo, porque sabemos que Dios continúa obrando, aun cuando no entendemos lo que está sucediendo.
Quizás hoy estás pasando por un momento difícil, pero recuerda: Dios no te ha abandonado. Él sigue siendo fiel, sigue teniendo el control y sigue sosteniendo tu vida con su poderosa mano.
No permitas que la preocupación apague tu gratitud. Cuando comenzamos a darle gracias a Dios, nuestro corazón cambia, nuestra fe se fortalece y podemos recordar todas las veces que el Señor nos ayudó.
Hoy hagamos una pausa y digamos:
“Gracias, Señor, por este nuevo día. Gracias por cuidarme, por sostenerme, por perdonarme y por no abandonarme. Aunque todavía existan dificultades, confío en que tú estás conmigo.”
Reflexión
Un corazón agradecido no es aquel que nunca tiene problemas, sino aquel que reconoce que, aun en medio de las dificultades, Dios permanece fiel.
Oración
Amado Señor, en este día quiero darte gracias por tu amor, tu misericordia y tu fidelidad. Gracias por la vida, por mi familia y por cada bendición que me has concedido. Perdóname por las veces que me he quejado y he olvidado reconocer todo lo bueno que has hecho por mí. Ayúdame a tener un corazón agradecido y a confiar en ti en todo momento. En el nombre de Jesús. Amén.
Palabra para hoy:
No importa cómo haya comenzado tu día; siempre habrá una razón para levantar tus ojos al cielo y decir: ¡Gracias, Señor!