
Texto principal
“Así fueron humillados los hijos de Israel en aquel tiempo; y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres.”
2 Crónicas 13:18
Propósito del sermón
Enseñar a la iglesia que las victorias espirituales no dependen de nuestra fuerza, cantidad de recursos o capacidad humana, sino de permanecer en la verdad, clamar a Dios y apoyarnos completamente en Él.
INTRODUCCIÓN
La vida cristiana está llena de bendiciones, pero también de batallas.
En algún momento podemos enfrentar:
- Problemas familiares.
- Necesidades económicas.
- Enfermedades.
- Desánimo.
- Oposición.
- Tentaciones.
- Ataques contra nuestra fe.
- Conflictos dentro o fuera de la iglesia.
Hay momentos en los que sentimos que los problemas son más grandes que nosotros. Miramos a nuestro alrededor y pensamos que no tenemos suficientes fuerzas para seguir adelante.
Eso fue precisamente lo que vivió el rey Abías junto al pueblo de Judá.
Abías salió a la batalla con cuatrocientos mil hombres, pero Jeroboam tenía ochocientos mil. El enemigo tenía el doble de soldados. Humanamente hablando, Judá estaba en desventaja.
Además, Jeroboam preparó una emboscada. El pueblo de Judá tenía enemigos delante y detrás. Parecía que no había salida.
Sin embargo, Judá hizo algo que cambió el resultado de la batalla: clamó a Dios y se apoyó en Él.
El texto no dice que vencieron porque eran más fuertes. Tampoco dice que vencieron porque tenían mejores armas o una estrategia superior.
La Biblia declara:
“Los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová.”
Esta palabra tiene un mensaje poderoso para la iglesia de hoy: cuando todo parece estar en nuestra contra, todavía podemos permanecer firmes si nuestra confianza está puesta en Dios.
1. NO DEBEMOS MEDIR LA BATALLA SOLAMENTE POR LO QUE VEN NUESTROS OJOS
Texto bíblico
“Entonces ordenó Abías batalla con un ejército de cuatrocientos mil hombres de guerra, valerosos y escogidos; y Jeroboam ordenó batalla contra él con ochocientos mil hombres escogidos, fuertes y valerosos.”
2 Crónicas 13:3
Judá tenía cuatrocientos mil soldados, mientras que Israel tenía ochocientos mil.
Cuando Abías observó el ejército contrario, pudo pensar: “Somos menos, ellos son más fuertes y no tenemos posibilidades de vencer”.
Pero Dios no determina la victoria contando soldados.
El Señor no necesita que tengamos más recursos que el enemigo para ayudarnos. Dios solamente busca un pueblo que confíe en Él.
Ejemplos bíblicos
Gedeón
Gedeón comenzó con treinta y dos mil hombres, pero Dios redujo su ejército hasta dejar solamente trescientos.
“Y Jehová dijo a Gedeón: El pueblo que está contigo es mucho para que yo entregue a los madianitas en su mano, no sea que se alabe Israel contra mí, diciendo: Mi mano me ha salvado.”
Jueces 7:2
Dios no quería que Israel pensara que había vencido por su propia capacidad.
David y Goliat
David era joven, no tenía armadura militar y solamente llevaba una honda. Goliat era un guerrero experimentado, pero David declaró:
“Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos.”
1 Samuel 17:45
David no miró solamente el tamaño de Goliat. Miró el poder de Dios.
Aplicación para la iglesia
La iglesia no debe desanimarse por ser pequeña.
Una congregación puede tener pocos miembros, pocos recursos económicos o un local sencillo, pero si Dios está con ella, puede cumplir un propósito grande.
No debemos pensar:
- “Somos muy pocos”.
- “No tenemos suficiente dinero”.
- “No tenemos personas importantes”.
- “No contamos con grandes recursos”.
- “Otros ministerios son más grandes que nosotros”.
La obra de Dios no depende solamente de cantidades. Depende de su presencia, de su verdad y de la obediencia de su pueblo.
“No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.”
Zacarías 4:6
No midas tu batalla únicamente por lo que tus ojos pueden ver. Puede parecer que estás en desventaja, pero Dios todavía tiene la última palabra.
2. NO PODEMOS VENCER SI ABANDONAMOS LA VERDAD DE DIOS
Texto bíblico
“¿No habéis arrojado vosotros a los sacerdotes de Jehová, a los hijos de Aarón, y a los levitas, y os habéis designado sacerdotes a la manera de los pueblos de otras tierras?”
2 Crónicas 13:9
Jeroboam no solamente había dividido el reino. También había conducido al pueblo a una religión falsa.
Había levantado becerros de oro, expulsado a los sacerdotes que Dios había establecido y colocado a sus propios sacerdotes.
Jeroboam quería una religión conveniente. No quería que el pueblo fuera a Jerusalén a adorar, porque temía perder el control sobre ellos.
Por eso cambió:
- El lugar de adoración.
- Los sacerdotes.
- Las fiestas.
- Los símbolos de adoración.
- Los mandamientos establecidos por Dios.
Una religión diseñada por el hombre
Jeroboam creó una religión que se adaptaba a sus intereses políticos y personales.
Esto nos enseña que no toda práctica religiosa es agradable a Dios.
Una persona puede mencionar el nombre de Dios, asistir a una reunión, cantar, orar y participar en ceremonias; pero si su adoración no está basada en la verdad bíblica, no está adorando correctamente.
Jesús dijo:
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”
Juan 4:24
No es suficiente adorar con emoción. También debemos adorar conforme a la verdad.
Aplicación para la iglesia
La iglesia debe cuidar la sana doctrina.
No podemos cambiar el mensaje para agradar al mundo.
No podemos quitar de la predicación:
- El arrepentimiento.
- La santidad.
- La cruz.
- El juicio de Dios.
- La necesidad de nacer de nuevo.
- La exclusividad de Cristo como Salvador.
- La autoridad de las Escrituras.
Hay personas que quieren un evangelio sin arrepentimiento, una salvación sin transformación y una bendición sin obediencia.
Pero el verdadero evangelio confronta el pecado y conduce a una nueva vida.
“Pero tú habla lo que está de acuerdo con la sana doctrina.”
Tito 2:1
La iglesia no vencerá imitando al mundo. Vencerá permaneciendo fiel a la Palabra de Dios.
Debemos preguntarnos:
- ¿Estamos enseñando la Biblia?
- ¿Estamos viviendo lo que predicamos?
- ¿Nuestras prácticas están de acuerdo con las Escrituras?
- ¿Buscamos agradar a Dios o a las personas?
No podemos esperar victoria espiritual mientras abandonamos la verdad.
3. CUANDO ESTEMOS RODEADOS, DEBEMOS CLAMAR A DIOS
Texto bíblico
“Y cuando miró Judá, he aquí que tenía batalla por delante y por detrás; por lo que clamaron a Jehová.”
2 Crónicas 13:14
Jeroboam preparó una emboscada.
Mientras una parte del ejército estaba delante de Judá, otra tropa se colocó detrás. El pueblo quedó rodeado.
No veía una salida humana.
Pero cuando Judá vio que estaba rodeado, no se rindió. No arrojó las armas. No huyó. No se entregó al enemigo.
La Biblia dice:
“Clamaron a Jehová.”
¿Qué significa clamar?
Clamar no es repetir palabras vacías. Es buscar a Dios con urgencia, humildad y dependencia.
Clamar es decir:
“Señor, no puedo resolver esto con mis propias fuerzas. Necesito tu ayuda.”
El pueblo tenía soldados, sacerdotes y armas, pero entendió que nada de eso era suficiente sin la intervención divina.
Otros ejemplos bíblicos
Josafat
Cuando una gran multitud vino contra Judá, el rey Josafat reconoció su incapacidad:
“Porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros; no sabemos qué hacer, y a ti volvemos nuestros ojos.”
2 Crónicas 20:12
Josafat no negó el problema. Reconoció que no sabía qué hacer, pero volvió sus ojos hacia Dios.
El salmista
“Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás.”
Salmo 50:15
Dios invita a su pueblo a buscarlo en el día de la angustia.
Aplicación para la iglesia
Hay momentos en los que la iglesia puede sentirse rodeada:
- Por falsas doctrinas.
- Por la oposición.
- Por la falta de recursos.
- Por divisiones.
- Por conflictos familiares.
- Por ataques espirituales.
- Por la frialdad de algunos creyentes.
En esos momentos no debemos depender solamente de reuniones administrativas, opiniones humanas o estrategias.
Debemos volver a la oración.
Una iglesia que deja de orar comienza a confiar en su propia capacidad.
Pero una iglesia que clama reconoce que necesita al Espíritu Santo.
La oración no debe ser el último recurso. Debe ser nuestra primera respuesta.
Cuando no sepas qué hacer, ora.
Cuando te sientas rodeado, ora.
Cuando tu familia atraviese una crisis, ora.
Cuando el ministerio enfrente oposición, ora.
Cuando el enemigo quiera desanimarte, ora.
Cuando las puertas parezcan cerradas, clama al Señor.
4. DIOS PELEA A FAVOR DE LOS QUE CONFÍAN EN ÉL
Texto bíblico
“Y como alzaron grito los de Judá, Dios desbarató a Jeroboam y a todo Israel delante de Abías y de Judá.”
2 Crónicas 13:15
Observemos cuidadosamente lo que dice el texto.
No dice solamente que Judá derrotó a Jeroboam. Dice que Dios desbarató a Jeroboam.
La intervención de Dios cambió completamente el resultado de la batalla.
El enemigo tenía más soldados, una emboscada y una aparente ventaja. Sin embargo, no pudo resistir cuando Dios intervino.
La victoria pertenece a Dios
“El caballo se alista para el día de la batalla; mas Jehová es el que da la victoria.”
Proverbios 21:31
El pueblo tenía que prepararse y combatir, pero sabía que la victoria venía del Señor.
Confiar en Dios no significa ser irresponsables. Debemos prepararnos, trabajar y obedecer. Pero no debemos poner nuestra esperanza final en nuestras capacidades.
Moisés dijo al pueblo de Israel:
“Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos.”
Éxodo 14:14
Dios abrió el mar cuando el pueblo no tenía escapatoria.
Aplicación para la iglesia
Hay batallas que no venceremos discutiendo, gritando o intentando defendernos con nuestras fuerzas.
Debemos aprender a dejar que Dios actúe.
Esto no significa permanecer pasivos frente al pecado. Significa obedecer, orar, actuar con sabiduría y confiar en que Dios hará lo que nosotros no podemos hacer.
Cuando alguien te calumnia, no necesitas destruirlo para defenderte.
Cuando eres tratado injustamente, no necesitas responder con la misma maldad.
Cuando el enemigo se levanta contra tu familia, no abandones tu fe.
Cuando una puerta se cierre, no pienses que todo terminó.
Dios puede cambiar una situación en un momento.
“Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
Romanos 8:31
La presencia de Dios no significa que nunca tendremos oposición. Significa que la oposición no podrá destruir el propósito de Dios para nuestra vida si permanecemos en Él.
5. DEBEMOS APOYARNOS EN DIOS Y NO EN NUESTRAS PROPIAS FUERZAS
Texto bíblico
“Y los hijos de Judá prevalecieron, porque se apoyaban en Jehová el Dios de sus padres.”
2 Crónicas 13:18
Este es el versículo central del capítulo.
¿Por qué venció Judá?
No venció porque tenía más soldados.
No venció porque tenía mejores armas.
No venció porque Abías fuera un rey perfecto.
Venció porque se apoyó en Dios.
¿Qué significa apoyarse en Dios?
Apoyarse en Dios es colocar todo el peso de nuestra confianza sobre Él.
Cuando una persona se apoya en algo, espera que aquello la sostenga. De la misma manera, el creyente debe descansar sobre:
- El carácter de Dios.
- Sus promesas.
- Su poder.
- Su fidelidad.
- Su misericordia.
- Su Palabra.
“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.”
Proverbios 3:5
Muchas veces decimos que confiamos en Dios, pero en realidad nos apoyamos en:
- El dinero.
- Las amistades.
- Los contactos.
- La experiencia.
- La inteligencia.
- El cargo.
- La fama.
- Las propias capacidades.
Estas cosas pueden ser útiles, pero no pueden ocupar el lugar de Dios.
Abías no era un hombre perfecto
Primera de Reyes 15:3 enseña que el corazón de Abías no fue completamente recto delante de Dios.
Esto nos muestra que la victoria no ocurrió porque Abías fuera perfecto, sino porque en aquella batalla el pueblo clamó y se apoyó en Dios.
También es una advertencia: una victoria espiritual no significa que podamos descuidar nuestra vida.
No debemos vivir solamente recordando lo que Dios hizo ayer.
Necesitamos depender de Él cada día.
Aplicación para la iglesia
La iglesia debe apoyarse en Dios en todo:
- Para predicar.
- Para evangelizar.
- Para discipular.
- Para ayudar al necesitado.
- Para enfrentar problemas.
- Para tomar decisiones.
- Para resistir la tentación.
- Para crecer espiritualmente.
Un predicador no debe apoyarse únicamente en su conocimiento.
Un cantante no debe apoyarse solamente en su voz.
Un líder no debe apoyarse solamente en su experiencia.
Una congregación no debe apoyarse solamente en sus programas.
Cristo dijo:
“Separados de mí nada podéis hacer.”
Juan 15:5
Podemos hacer muchas actividades sin depender de Dios, pero no podremos producir verdadero fruto espiritual.
La victoria comienza cuando reconocemos nuestra dependencia.
CONCLUSIÓN
Judá entró en una batalla que humanamente parecía imposible.
Tenía la mitad de soldados que su enemigo.
Fue rodeado por delante y por detrás.
No tenía una salida evidente.
Pero cuando el pueblo clamó a Dios, el Señor intervino.
La victoria no fue resultado de la superioridad humana. Fue resultado de la dependencia de Dios.
Tal vez hoy alguien ha llegado a la iglesia sintiéndose rodeado.
Puedes estar rodeado por deudas, enfermedad, problemas familiares, acusaciones, tentaciones o desánimo.
Tal vez miras tus fuerzas y piensas: “No puedo continuar”.
Dios te recuerda hoy:
No tienes que sostenerte solo. Apóyate en Él.
Tu problema puede ser grande, pero Dios es más grande.
El enemigo puede parecer fuerte, pero Dios sigue siendo Todopoderoso.
Puede que no veas una salida, pero Dios puede abrir un camino donde no lo hay.
La iglesia debe volver a confiar en el Señor.
No en el número de miembros.
No en el dinero.
No en los títulos.
No en las influencias.
No en la capacidad humana.
Debemos apoyarnos en Jehová.
“Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza.”
Salmo 40:4
Hoy Dios nos llama a dejar nuestras cargas en sus manos.
Nos llama a volver a la oración.
Nos llama a permanecer en la verdad.
Nos llama a confiar aun cuando las circunstancias parezcan contrarias.
El mismo Dios que sostuvo a Judá puede sostenernos hoy.
LLAMADO FINAL
Pregúntate en este momento:
- ¿En qué estoy apoyando mi vida?
- ¿Estoy confiando más en mis capacidades que en Dios?
- ¿He dejado de orar porque me siento desanimado?
- ¿Estoy enfrentando la batalla con mis propias fuerzas?
- ¿Necesito volver a la verdad y a la obediencia?
- ¿Estoy dispuesto a entregar mi carga al Señor?
Hoy es tiempo de decir:
“Señor, ya no quiero depender solamente de mí. Quiero apoyarme en ti.”
No importa cuán grande sea la batalla. Cuando el pueblo de Dios clama, obedece y confía, el Señor demuestra su poder.
Judá prevaleció porque se apoyaba en Jehová.
Y nosotros también permaneceremos firmes si nuestra confianza está puesta en Él.
ORACIÓN FINAL
Señor nuestro Dios, venimos delante de tu presencia reconociendo que te necesitamos.
Perdónanos por las veces que hemos confiado más en nuestras fuerzas, recursos y conocimientos que en tu poder.
Ayúdanos a permanecer firmes en tu Palabra. Guarda a tu iglesia de toda falsa doctrina y de toda adoración que no sea conforme a la verdad.
Cuando nos sintamos rodeados, enséñanos a clamar a ti. Cuando no sepamos qué hacer, ayúdanos a volver nuestros ojos hacia ti.
Pelea nuestras batallas y danos sabiduría para obedecerte. Fortalece a las familias, levanta al desanimado, sana al herido y renueva a tu iglesia.
Que nunca confiemos en el número, en el dinero ni en la capacidad humana. Queremos apoyarnos completamente en ti.
En el nombre de Jesús.
Amén.