
TEXTO: 2 REYES 20:12-17
INTRODUCCIÓN
Seguramente, cuando llegan los días malos, todos sabemos qué hacer.
- Cuando llega la enfermedad, buscamos a Dios.
- Cuando llega la necesidad económica, comenzamos a orar.
- Cuando tenemos problemas en el hogar, clamamos al Señor.
- Cuando sentimos que ya no podemos más, buscamos una iglesia, pedimos oración y decimos: “Señor, ayúdame.”
Los días malos muchas veces nos hacen reconocer que necesitamos a Dios.
Pero hoy quiero hacerle una pregunta:
¿QUÉ HARÁ USTED CUANDO LLEGUEN LOS DÍAS BUENOS?
- ¿Qué hará cuando tenga salud?
- ¿Qué hará cuando consiga el trabajo que tanto pidió?
- ¿Qué hará cuando su familia esté bien?
- ¿Qué hará cuando su negocio prospere?
- ¿Qué hará cuando tenga dinero, tranquilidad y ya no sienta aquella necesidad que hoy lo hace buscar a Dios?
- ¿Seguirá buscando al Señor?
- ¿Seguirá agradeciendo?
- ¿Reconocerá que todo lo que tiene viene de Dios?
Porque los días malos prueban nuestra fe, pero los días buenos prueban nuestro corazón.
Y uno de los ejemplos más claros que encontramos en la Biblia es la vida del rey Ezequías.
EZEQUÍAS: UN HOMBRE QUE CLAMÓ EN LOS DÍAS MALOS
Ezequías enfermó gravemente.
Su enfermedad era mortal.
El profeta Isaías llegó con un mensaje muy duro: “Ordena tu casa, porque morirás, y no vivirás.”
Pero Ezequías hizo algo que muchos hacemos cuando llega la dificultad:
- Buscó a Dios.
- Lloró.
- Oró.
- Clamó.
- Y Dios escuchó su oración.
El Señor tuvo misericordia de él, lo sanó y le añadió quince años de vida. Después de los días malos llegaron los días buenos.
La Biblia nos dice que Ezequías tuvo riquezas, gloria y abundancia. Dios lo prosperó.
2 crónicas 32:27: “Y tuvo Ezequías riquezas y gloria, muchas en gran manera…”
Pero llegó un momento en que vinieron enviados del rey de Babilonia.
Y Ezequías les mostró sus riquezas, sus tesoros, su oro, su plata y todo lo que tenía.
Entonces la Biblia nos revela algo muy importante:
2 crónicas 32:31: “Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.”
Dios permitió aquella situación para revelar lo que había en el corazón de Ezequías.
Porque debemos entender algo:
NO SOLAMENTE SOMOS PROBADOS CUANDO TENEMOS POCO; TAMBIÉN SOMOS PROBADOS CUANDO TENEMOS MUCHO.
Hay personas que dicen:
- “Señor, si me das trabajo, te serviré.”
- “Si sanas a mi hijo, iré a la iglesia.”
- “Si me sacas de esta deuda, cambiaré.”
- “Si arreglas mi matrimonio, te buscaré.”
Pero debemos preguntarnos:
¿Qué sucederá después de recibir aquello que tanto le pedimos a Dios?
- ¿Seguiremos buscando al Señor?
- ¿O nos olvidaremos de Él?
El rey Agur dijo:
Proverbios 30:8-9: “No me des pobreza ni riquezas; mantenme del pan necesario; no sea que me sacie, y te niegue, y diga: ¿Quién es Jehová?”
Por eso, la pregunta no es solamente:
¿QUÉ HARÁS CUANDO LLEGUEN LOS DÍAS MALOS?
Sino también:
¿QUÉ HARÁS CUANDO LLEGUEN LOS DÍAS BUENOS?
I. NO TE OLVIDES DE DIOS CUANDO TODO TE VAYA BIEN
Deuteronomio 8:11-14
Dios le dijo a Israel:
“Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios.”
Pero observe algo importante:
Dios no les estaba hablando solamente de los días de hambre.
Les estaba hablando de cuando tuvieran alimento.
- Cuando construyeran buenas casas.
- Cuando aumentaran sus riquezas.
- Cuando tuvieran plata y oro.
- Cuando todo les fuera bien.
¿Por qué?
Porque Dios conoce el corazón humano.
Cuando tenemos poco, fácilmente decimos:
“Señor, te necesito.”
Pero cuando tenemos mucho, corremos el peligro de pensar:
“Ya no necesito a nadie.”
Cuántas personas solamente buscan a Dios cuando están enfermas.
Mientras están en el hospital dicen:
“Señor, si me sanas, cambiaré.”
Pero reciben la salud y se olvidan de Dios.
Cuántas personas, cuando están sin trabajo, oran todos los días.
Pero cuando consiguen trabajo, ya no tienen tiempo para Dios.
Cuántas personas, cuando su matrimonio está destruido, buscan ayuda.
Pero cuando las cosas mejoran, vuelven a vivir alejados del Señor.
¡Qué triste sería que Dios tuviera que permitir otra vez una enfermedad o una crisis para que usted vuelva a buscarlo!
Hoy Dios le está hablando.
No espere que lleguen los días malos para buscar al Señor.
FRASE:
No permitas que la bendición que Dios te dio termine robándole a Dios el lugar que debe tener en tu corazón.
II. RECONOCE DE DÓNDE VIENE TODO LO QUE TIENES
Deuteronomio 8:18
“Mas acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas.”
Uno de los mayores peligros de la prosperidad es el orgullo.
Cuando una persona comienza a tener éxito puede pensar:
- “Todo lo conseguí yo.”
- “Fue por mi inteligencia.”
- “Fue por mi esfuerzo.”
- “Fue por mi capacidad.”
- “Yo no necesito a Dios.”
Pero la Palabra de Dios nos recuerda:
AUN LA FUERZA QUE TIENES PARA TRABAJAR TE LA HA DADO DIOS.
El aire que respiras es un regalo de Dios.
La vida que tienes es un regalo de Dios.
La fuerza para levantarte cada mañana viene de Dios.
Tu inteligencia, tus capacidades y las oportunidades que has tenido no son motivo para engrandecerte.
Todo lo que tenemos puede desaparecer en un momento.
Por eso no debemos vivir diciendo:
“Yo lo hice todo.”
Debemos reconocer:
“SEÑOR, TODO LO QUE TENGO ES POR TU GRACIA.”
El apóstol Pablo dijo:
1 corintios 15:10: “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy.”
Hermano, amigo, amiga:
Tal vez usted ha trabajado mucho, y eso es bueno.
Tal vez se ha esforzado mucho, y eso es bueno.
Pero no olvide que Dios ha sostenido su vida hasta este día.
FRASE:
No te enorgullezcas de lo que tienes, porque todo lo que hoy está en tus manos puede convertirse en una razón más para agradecer a Dios.
III. NO USES LOS DÍAS BUENOS PARA ALEJARTE MÁS DE DIOS
Este es un mensaje especialmente para aquellos que todavía no han entregado su vida al Señor.
Quizás usted dice:
- “Cuando sea viejo voy a buscar a Dios.”
- “O algún día voy a cambiar.”
- “Todavía tengo tiempo.”
- “Primero quiero disfrutar mi vida.”
- “Después voy a arreglar mi vida con Dios.”
Pero nadie tiene asegurado el mañana.
La Biblia dice:
Isaías 55:6: “Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.”
Los días buenos son una oportunidad para acercarnos a Dios, no para alejarnos de Él.
Hay personas que están tan cómodas que no sienten necesidad de Dios.
- Tienen trabajo.
- Tienen salud.
- Tienen familia.
- Tienen dinero.
Y dicen:
“¿Para qué necesito buscar a Dios?”
Pero la verdadera pregunta es:
¿DE QUÉ LE SIRVE AL HOMBRE TENER TODO Y PERDER SU ALMA?
Jesús dijo:
Marcos 8:36: “Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?”
- Puede tener dinero, pero necesitar a Dios.
- Puede tener una casa, pero necesitar salvación.
- Puede tener una familia, pero estar lejos del Señor.
- Puede estar sano físicamente y, sin embargo, tener un alma que necesita ser salvada.
¡No cometa el error de pensar que, porque todo está bien en su vida, todo está bien entre usted y Dios!
La prosperidad no significa necesariamente salvación.
Tener bienes no significa tener a Cristo.
Tener salud no significa tener vida eterna.
Por eso, si hoy todo le está yendo bien, aproveche ese día para buscar a Dios.
FRASE:
No esperes que una tragedia te lleve a buscar a Dios. Busca a Dios mientras tienes salud, mientras tienes fuerzas y mientras tienes la oportunidad.
IV. NO PERMITAS QUE TU CORAZÓN SE ENDUREZCA
Este es otro peligro de los días buenos.
Cuando todo está bien, muchas personas comienzan a pensar que nunca necesitarán a Dios.
Pero el corazón puede endurecerse poco a poco.
Uno escucha la Palabra de Dios y dice:
- “Eso es para otro.”
- “Todavía no.
- “Más adelante.”
- “Yo estoy bien así.”
Pero la Biblia nos enseña que no debemos endurecer nuestro corazón.
Hebreos 3:15: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones.”
Observe la palabra:
HOY.
- No mañana.
- No el próximo año.
- No cuando sea anciano.
- No cuando llegue una enfermedad.
HOY.
Tal vez Dios le ha hablado muchas veces.
- A través de una predicación.
- A través de una enfermedad.
- A través de un problema.
- A través de la muerte de alguien cercano.
- A través de una necesidad.
Y hoy nuevamente Dios está hablando a su corazón.
No endurezcamos nuestro corazón.
Ezequías tuvo la oportunidad de reconocer que todo lo que tenía venía de Dios.
Pero su corazón se enalteció.
Y debemos tener cuidado.
Porque el orgullo puede impedirnos reconocer nuestra necesidad de salvación.
Algunos dicen:
“Yo soy una buena persona, no necesito cambiar.”
Pero la Biblia dice:
Romanos 3:23: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.”
Todos necesitamos salvación.
Todos necesitamos el perdón de Dios.
Todos necesitamos a Jesucristo.
No importa cuánto dinero tenga una persona.
No importa qué profesión tenga.
No importa cuánto éxito haya alcanzado.
Sin Cristo, el ser humano sigue necesitando salvación.
FRASE:
El corazón que se enorgullece de no necesitar a Dios es precisamente el corazón que más necesita rendirse ante Él.
V. LA MAYOR BENDICIÓN QUE PUEDES RECIBIR NO ES MATERIAL: ES JESUCRISTO
Tal vez hoy usted vino buscando una bendición.
Quizás necesita un milagro.
Necesita sanidad.
Necesita trabajo.
Necesita que Dios restaure su hogar.
Y Dios tiene poder para hacerlo.
¡Claro que Dios puede sanar!
¡Claro que Dios puede abrir puertas!
¡Claro que Dios puede restaurar
¡Claro que Dios puede bendecir!
Pero quiero decirle algo
LA MAYOR NECESIDAD DEL HOMBRE NO ES TENER MÁS COSAS; ES TENER PAZ CON DIOS.