Introducción
En 1 Samuel 16:1-7
encontramos un momento importante: Dios envía al profeta Samuel a la casa de Isaí para escoger al próximo rey de Israel. Cuando Samuel vio a Eliab, pensó que él era el elegido por su apariencia, su altura y su presencia. Pero Dios le enseñó una verdad profunda: el ser humano mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón.
Muchas veces cuidamos nuestra apariencia, nuestras palabras y la imagen que mostramos delante de los demás, pero descuidamos lo que llevamos por dentro. Podemos parecer fuertes, espirituales y alegres, mientras nuestro corazón está herido, enojado, orgulloso, temeroso o lejos de Dios.
Cuando la Biblia habla del corazón, no se refiere solamente al órgano físico, sino al interior de la persona: sus pensamientos, sentimientos, deseos, intenciones y decisiones. El corazón revela quiénes somos realmente cuando nadie nos está observando.
Dios conoce lo que verdaderamente hay dentro de nosotros. Por eso, en 1 Samuel 16:7, el Señor le dijo a Samuel: “El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón”.
Las personas miran nuestra ropa, nuestro rostro, nuestra posición y lo que hacemos públicamente; pero Dios mira aquello que nadie más puede ver: nuestro corazón.
Por eso, la pregunta de hoy es: ¿Cómo está tu corazón delante de Dios?
1. DIOS CONOCE VERDADERAMENTE NUESTRO CORAZÓN
Podemos ocultar nuestros sentimientos y pensamientos delante de las personas, pero no podemos ocultarlos delante de Dios.
El Señor conoce nuestras intenciones, nuestros deseos, nuestras heridas, nuestras luchas y nuestros pecados secretos.
Jeremías 17:10 dice:
“Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón”.
Podemos aparentar estar bien, sonreír y decir que todo está en orden, mientras por dentro estamos llenos de tristeza, resentimiento, orgullo o temor.
Aplicación:
No debemos preocuparnos solamente por lo que las personas piensan de nosotros. Debemos preguntarnos cómo nos está viendo Dios.
2. LA APARIENCIA PUEDE ENGAÑAR
Samuel pensó que Eliab era el elegido porque tenía apariencia de rey. Pero Dios lo rechazó.
Lo exterior no siempre revela lo que existe en el interior. Una persona puede tener buena apariencia, hablar correctamente y parecer espiritual, pero tener un corazón lejos de Dios.
Jesús habló de personas que honraban a Dios con sus labios, pero cuyo corazón estaba lejos de Él.
Mateo 15:8 dice:
“Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí”.
Dios no se impresiona con nuestras palabras, nuestra posición dentro de la iglesia o nuestros conocimientos bíblicos. Él mira si nuestro corazón es sincero.
Aplicación:
No vivamos para aparentar santidad. Busquemos tener una verdadera comunión con Dios.
3. DIOS BUSCA UN CORAZÓN DISPUESTO
David no fue tomado en cuenta inicialmente por su familia. Mientras sus hermanos estaban delante de Samuel, él estaba cuidando las ovejas.
Pero Dios había visto algo especial en David: un corazón dispuesto para obedecerle.
David no era perfecto, pero amaba a Dios, reconocía sus errores y sabía arrepentirse.
Hechos 13:22 dice:
“He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero”.
Un corazón conforme al corazón de Dios no es un corazón que nunca falla, sino un corazón que reconoce su pecado, se arrepiente y vuelve al Señor.
Aplicación:
Tal vez las personas no te valoran o no reconocen lo que haces, pero Dios conoce tu corazón y puede levantarte en el momento correcto.
4. DEBEMOS CUIDAR NUESTRO CORAZÓN
El corazón puede llenarse de heridas, amargura, envidia, orgullo, temor, incredulidad o malos deseos.
Por eso, la Biblia nos manda a cuidarlo.
Proverbios 4:23 dice:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él mana la vida”.
Lo que guardamos en el corazón terminará manifestándose en nuestras palabras, decisiones y acciones.
Si nuestro corazón está lleno de odio, nuestras palabras herirán. Si está lleno de orgullo, despreciaremos a los demás. Pero si está lleno de Dios, produciremos amor, misericordia y obediencia.
Aplicación:
No permitas que las heridas, las decepciones o los problemas contaminen tu corazón. Entrégaselos al Señor.
5. DIOS PUEDE LIMPIAR Y RENOVAR NUESTRO CORAZÓN
Quizás hoy reconocemos que nuestro corazón no está bien. Puede estar herido, endurecido, dividido o alejado de Dios.
Pero el Señor no solamente revela nuestra condición; también quiere restaurarnos.
David oró diciendo:
“Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí”
Salmos 51:10.
Dios puede quitar la amargura, sanar las heridas, perdonar los pecados y devolvernos un corazón sensible a su presencia.
No importa cuánto se haya endurecido el corazón; cuando nos acercamos sinceramente a Dios, Él puede transformarlo.
Conclusión
Dios no escogió al más alto, al más fuerte ni al que tenía mejor apariencia. Escogió a David porque había visto su corazón.
Hoy el Señor también está mirando nuestro interior.
Debemos preguntarnos:
¿Cómo está mi corazón?
¿Está cerca de Dios o se ha alejado?
¿Está limpio o guarda pecados ocultos?
¿Está lleno de amor o de resentimiento?
¿Está dispuesto a obedecer o endurecido ante la voz de Dios?
No intentemos impresionar a las personas. Busquemos agradar a Dios, porque el ser humano mira la apariencia, pero el Señor mira el corazón.
Llamado final
Hoy es el momento de abrir nuestro corazón delante de Dios y decirle:
“Señor, examina mi corazón. Muéstrame todo aquello que no te agrada. Sana mis heridas, limpia mis pecados y dame un corazón humilde, obediente y completamente entregado a ti”.
Oración
Señor, tú conoces nuestro corazón mejor que nosotros mismos. Examínanos y muéstranos todo aquello que debemos cambiar. Quita de nosotros el orgullo, la amargura, la envidia, el temor y todo pecado oculto. Crea en nosotros un corazón limpio y un espíritu dispuesto a obedecerte. Ayúdanos a no vivir de apariencias, sino a agradarte en todo momento. En el nombre de Jesús. Amén.
